Pizza casera con masa esponjosa y salsa de tomate

La pizza casera supera con creces a la ya preparada, y cuesta mucho menos. Una masa esponjosa que amasas tú misma, una salsa de tomate a tu gusto y los ingredientes que te apetezcan. Y cuando sale del horno con el queso fundido, todos saben que valió la pena la espera.

Solo necesitas una masa bien fermentada y un horno caliente. No cargues la pizza con demasiados ingredientes para que la masa no se reblandezca, y deja que el horno haga su trabajo hasta que los bordes se doren.

Pizza casera con masa esponjosa y salsa de tomate

Una pizza casera sobre una masa fermentada y esponjosa, con salsa de tomate condimentada y mozzarella, cubierta con los ingredientes que más te gusten y horneada hasta que el queso se funde.
مدة التحضير 1 hora 30 minutos
مدة الطهي 15 minutos
الوقت الكلي 1 hora 45 minutos
عدد الحصص: 4 personas

المقادير
  

  • Para la masa: 3 tazas de harina
  • 1 cucharada de levadura + 1 cucharadita de azúcar
  • 1 cucharadita de sal
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • Agua tibia según se necesite
  • Para la salsa: 1 lata de tomate triturado o tomates rallados
  • Ajo, orégano y sal
  • Mozzarella rallada
  • Ingredientes: aceitunas, pimiento, champiñones, lonchas de carne o de pollo

Method
 

  1. Mezcla la harina, la levadura, el azúcar y la sal, añade el aceite y el agua, y amasa hasta obtener una masa blanda. Déjala fermentar hasta que duplique su volumen (alrededor de una hora).
  2. Prepara la salsa cociendo los tomates con ajo, orégano y sal hasta que espese un poco.
  3. Extiende la masa sobre una bandeja engrasada con aceite, con el grosor que prefieras.
  4. Reparte la salsa sobre la masa, luego el queso y, por último, los ingredientes.
  5. Hornea la pizza en un horno bien precalentado a 220 °C durante 12 a 15 minutos, hasta que el queso se funda y los bordes se doren.
  6. Sácala, espolvorea un poco de orégano y un chorrito de aceite de oliva, y sírvela bien caliente.

ملاحظات

Un horno muy caliente es el secreto de una base crujiente: precaliéntalo bien antes de hornear.
No te pases con la salsa ni con los ingredientes para que la masa no se humedezca.
Puedes preparar la masa con antelación y guardarla en la nevera durante un día entero.

Los secretos de una masa lograda y una base dorada

El primer secreto de esta pizza casera es darle tiempo a la masa. Déjala levar en un sitio templado hasta que de verdad duplique su tamaño, porque una masa apresurada sale densa y pesada. Yo añado el agua poco a poco y amaso hasta que queda blanda y algo pegajosa en los dedos, pues así se mantiene ligera tras el horneado. Un horno bien caliente lo cambia todo: precaliéntalo con tiempo a 220°C y, si puedes, coloca la bandeja en la rejilla baja los primeros minutos para que la base se dore antes de que se funda el queso. No te pases con la salsa, o el centro quedará húmedo.

Variantes e ingredientes según tu gusto

Lo bonito de la pizza casera es que admite lo que tengas a mano. ¿Sin mozzarella? Recurre al edam, al gouda o a una mezcla de ambos: todos funden bien. A veces pongo una capa fina de queso bajo la salsa para proteger la masa de la humedad. Para un toque marroquí espolvoreo un poco de comino o añado unas aceitunas negras, y cambio la carne por pollo marinado en limón y ajo. Si la quieres vegetariana, bastan champiñones, pimientos de colores y cebolla. Incluso el orégano puede ceder su lugar al tomillo silvestre si es lo que tienes.

Cómo servirla en la mesa

La pizza se come caliente, así que sácala del horno y córtala enseguida, antes de que el queso cuaje. Un chorrito de aceite de oliva virgen y una pizca de orégano bastan para perfumarla y dar brillo a las porciones. Suelo acompañarla con una sencilla ensalada verde de lechuga y tomate con unas gotas de limón, cuya acidez equilibra lo graso del queso. En las noches en familia la pongo en el centro de la mesa y cada uno coge su porción con la mano, con un platito de aceitunas y encurtidos al lado. Una bebida fría o una limonada fresca redondean la comida.

Conservación, recalentado y preparación con antelación

Si sobran porciones, guárdalas en un recipiente hermético en la nevera hasta tres días. Para recalentarlas evita el microondas, que vuelve la masa gomosa: pon la porción en una sartén antiadherente a fuego suave unos minutos para que la base vuelva a quedar crujiente, o caliéntala en el horno fuerte. La masa puede prepararse con antelación: tras el primer levado, divídela en bolas y déjalas en la nevera un día entero, así gana sabor. También puedes congelar las bolas de masa o la pizza ya horneada, y descongelar en la nevera antes de usarla.

Preguntas frecuentes

¿Cómo consigo una base crujiente?

Extiende la masa fina, usa un horno muy caliente y reduce la salsa y los ingredientes húmedos.

¿Puedo preparar la masa sin levadura instantánea?

Sí, usa levadura fresca o levadura seca activa, activándola primero en un poco de agua tibia con azúcar.

¿Por qué puedo sustituir la mozzarella?

Por cualquier queso que funda bien, como el edam o el gouda, o una mezcla de ambos.

¿Por qué me sale la masa húmeda en el centro?

Suele ser por exceso de salsa o ingredientes acuosos, o por un horno poco caliente. Reduce la salsa, precalienta bien el horno y empieza a hornear en la rejilla baja.

¿Puedo hornearla sobre una piedra o en una sartén en vez de en bandeja?

Sí. La piedra para pizza da una base más parecida a la italiana, y una sartén de hierro bien caliente ofrece una base dorada y sabrosa si no tienes piedra.

¿Para cuántas pizzas alcanza esta cantidad de masa?

Tres tazas de harina suelen dar una pizza grande o dos medianas, según el grosor con el que extiendas la masa.

Foto: Wikimedia Commons — CC BY-SA

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